El anhelo por Israel mientras el COVID nos mantiene alejados

Muchos anhelamos poder estar en Israel, donde la conexión con la espiritualidad es más tangible, más vibrante, más real.

Lo escucho por donde voy, en los murmullos y en las conversaciones a viva voz: ¿Pudiste entrar? ¿Cómo lo lograste?

Los judíos de todo el mundo están tratando de forma desesperada poder entrar a Israel. A veces para visitar a la familia, particularmente a los hijos que no pudieron ver durante toda la pandemia, pero a menudo se trata simplemente de ir, de tocar el suelo, de ver la tierra, de reconectarse.

Me sorprende la fuerza de este impulso, con cuánta intensidad y cuántas personas desean ir. Es verdaderamente maravilloso.

Para quienes crecimos después de la guerra del 67, Israel siempre estuvo allí. Nos acostumbramos a darlo por sentado, incluyendo el acceso al Muro Occidental. Olvidamos que no siempre fue así. Olvidamos las arduas travesías que recorrían nuestros ancestros para visitar la Tierra y nos quejamos porque nuestros vuelos son muy largos, porque los asientos son incómodos o las películas de mala calidad. Olvidamos sentirnos agradecidos por el privilegio de ir, olvidamos sorprendernos por tener la oportunidad.

Yo comparto esta culpa. En los 10 años previos al COVID, mi esposo y yo efectuamos aproximadamente 34 viajes a Israel, la mayoría juntos, pero algunos separados; la mayoría por trabajo, pero algunos personales. Nos sentíamos agotados. ¿Realmente tenemos que volver a ir a Israel? (Para ser justos, incluso con los vuelos directos, el viaje es muy largo, aunque como ya dije es breve comparado con las travesías de nuestros antepasados).

Ahora me siento avergonzada por eso. Anhelo poder subir a un avión (a pesar de que odio volar) y regresar a Israel. Estoy dispuesta a soportar el caos del aeropuerto y otras incomodidades para tener la oportunidad de caminar por esas calles conocidas, comer en esos restaurantes familiares (espero que sigan funcionando), comprar en las mismas tiendas (por supuesto que sólo como un acto de bondad para ayudarlos a recuperar las pérdidas sufridas) y derramar mi corazón en el Muro Occidental.

El hecho de no tener esta posibilidad me ayuda a experimentar un poquito el sabor del duelo de Tishá BeAv. A pesar de que el Templo no está (y este es un gran “a pesar”), rezar en el Kótel era un consuelo, dejar fluir las lágrimas y sentir la conexión con Dios. Él siempre escucha nuestras plegarias, pero cuando estás en el Kótel, sabes que Él te está escuchando. Mi alma sentía paz.

Verme privada de esta experiencia durante los últimos dos años creó un vacío, un espacio que pide ser llenado. Sí, Dios está disponible en cualquier parte, pero los imperfectos y materiales seres humanos nos beneficiamos al tener un lugar físico donde la conexión es más posible, más tangible, más vibrante, más real.

Este año, al profundizar nuestro duelo por el Templo destruido, siento una mayor conexión, experimento más la pérdida y tengo una mayor sensación de esperanza. No sólo esperanza porque los aeropuertos están abiertos, no sólo esperanza porque el gobierno dijo que no va a imponer más restricciones y que muy pronto van a dejar de exigir el uso de mascarillas quirúrgicas en lugares cerrados, no sólo esperanza porque estoy planeando viajar con un grupo de mujeres en octubre (si Dios quiere), sino esperanza porque veo el deseo, el urgente anhelo de mis hermanos judíos, religiosos y no religiosos, por retornar a Israel. Veo cuánto todos lo hemos extrañado. Veo cuán ansiosos estamos todos por ir. Veo cuánto tratamos todos de superar la burocracia, de superar los obstáculos (y repetidas pruebas rápidas de COVID y serología), sólo para llegar allí. Veo cuánto significa Israel para todos nosotros.

Y si yo lo veo, también Dios lo ve. Dicen que si no lamentas la destrucción del Templo, no lo verás reconstruido. Todos lamentamos las oportunidades perdidas de ir a Israel y esperamos con ansias el próximo viaje. Puede que no sea el duelo perfecto, pero Dios es un Padre afectuoso que reconoce que Sus hijos son imperfectos, pero que lo intentan. Y quizás, si Dios quiere, dados los desafíos de nuestra época, eso será suficiente.

Que el Templo sea prontamente reconstruido en nuestros días (¡y que también disminuya la burocracia en el aeropuerto Ben Gurión!).

Cortesía: Aishlatino [por ]

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